Apropiar mis contradicciones internas

Entenderme ha sido un caos, un dolor de cabeza, un golpeteo constante de que algo no estaba haciendo bien, porque sentía dos fuerzas opuestas tirando de mí constantemente, a veces incluso más.

Puede que hayas experimentado la misma sensación, tal vez a modo de voces interiores que te susurran cosas diametralmente opuestas, o tal vez con sensaciones corporales que se oponen a lo que dicta tu mente racional. ¿Cómo hacerte caso?

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Cada una tiene una imagen mental de quien es, de quien cree que es, mas bien.

Esta imagen mental hace que nos aferremos a una forma de ser y estar en el mundo, que creamos que eso que decimos que somos, es inalterable y de ser tocado, nos derrumbaría en un instante.

A esto le llamamos en la vida cotidiana “Crisis existencial” y es que un día, sin pretenderlo ni quererlo, eso que creías de ti misma, acaba siendo confrontado, retado o totalmente roto en pedazos.

Un autor mencionó hace tiempo que la espiritualidad le da sentido al Ser, te ayuda a encontrar algo trascendental. Cuando esto no se manifiesta en la vida, lo reemplazamos por ideologías.

La ideología da respuesta a lo que sientes, a lo que piensas o experimentas. Dota de palabras aquello que no podías explicarte.

Pero lo ideología no es tú, es tu caparazón, tu armadura, tu ego: No eres vegana, no eres yoguini ni tampoco feminista. No eres el discurso, tú trasciendes el discurso.

Pero si no te escuchas, si no te dejas sentir, si sigues poniendo palabras a lo aún no has entendido, a lo que aún no comprendes de quien eres, entonces colocarás una pesada tapa que te impedirá ver más allá de ese ego.

Las dos mujeres de hierro.

Desde hace años la necesidad latente de entender quién soy me ha llevado a buscar artículos, respuestas, gurús. A buscar una forma de poder decirme a mí misma quién soy.

Me casé con ideologías que, pensaba, daban sentido a lo que mi cuerpo sentía y mi mente maquinaba. Un poco te conté en el post de Sexo trascendental.

Me alejé de la religión, me casé con la ciencia.

Me volví rigurosa, fría, cínica.

Y entonces, dos mujeres de hierro me habitaron: La yo que anhelaba, que sentía la tierra, que experimentaba y deseaba la magia en su vida.

La yo mental, la que necesita piso firme, la que requiere de explicaciones y de procesar todo.

Mente & cuerpo.

Y no son las únicas que pelean dentro mío. Hay más, muchas más, que se contradicen, que no están de acuerdo, que me hacen dudar de quién soy realmente.

La yo que tiene el absoluto deseo de conectar, de hacer el bien, de amar y dejarse amar.

La yo que tiene el potencial de dañar, de herir, de hacer el mal.

Mi luz y mi sombra.

Y no son mujeres de paja, no son contrapuntos débiles que al chocar se deshacen en mis manos. Son mujeres de hierro, alimentadas por mi búsqueda interior.

Ambas son una parte de mí que ha sido reforzada por lo que he vivido, sentido, experimentado, aprendido, leído, interiorizado. No hay correcta ni incorrecta, no hay vencedoras ni ganadoras.

Entre más viajo a mis adentros más contradictoria me vuelvo, más completa, más integral.

En este video te cuento bastante más, la charla de las mujeres de hierro inicia en el el minuto 10.

Dejarte morir

En la vida morimos simbólicamente y matamos simbólicamente, una y otra vez.

Matas los ideales, las aventuras, las figuras divinas. Dejas morir tu parte inocente, tu curiosidad, tu tierna infancia.

No serás la misma después de la muerte simbólica de las figuras ideales que has credo en tu cabeza, ya sea las figuras de tu madre y padre, ya sea la figura ideal de tu primer amor o la misma idea de amor luego de una traición.

Tendrás que matar a tu yo, a la vieja tú.

Lo experimentarás en forma de cambio radical, en un nuevo look, en un nuevo trabajo, en incluso decirte a ti misma “No me volverá a pasar” siendo consciente de que para evitar la repetición de un patrón o evento, habrás de dejar de ser la tú que lo vivió.

Sin embargo, dentro tuya tienes una esencia, llámala alma, llámala Ser, es tú sin alteración, es lo divino en ti.

Y eso es más complejo que crear una imagen mental.

Apropiar para vivir

No se trata de desechar alguna de las posturas, se trata de construirte a ti misma.

Se trata de entender que las contradicciones formarán parte de tu vida, que no te limitarán sino que alimentarán nuevos lugares por conocer y (re)vivir.

No eres solo tu mente o solo tu cuerpo. Eres ambas.

No eres tu luz o solo tu sombra y demonio. Eres ambas.

No eres solo la mujer experimentada, ni solo la niña anhelante de cariño. Eres ambas.

Si dejas que una de ellas se vuelva una mujer de paja, si permites que una quede débil ante tus propios prejuicios de quien está en lo correcto, cuando choquen, no habrá ganado nadie. Habrás perdido una parte de ti misma.