Amar es abrazar el caos de alguien

Amar no es particularmente algo sencillo, por lo menos no para todos.

Hay personas que aman y se entregan con una sencillez admirable, con un valor total, con las heridas viejas por cicatrizar, pero listas para volverlo a intentar.

Y luego, en el rincón de la cocina, estamos las otras, las que tenemos miedo, muchísimo miedo. Pero no lo sabemos.

Las otras somos las que van convencidas por la vida de que, eso del amor, es una locura, insensato, de otras. De aquellas que no persiguen el éxito o son “inocentes” al creer en tremenda patraña.

Las otras, nosotras, somos cínicas ante el amor. Decimos no quererlo, pretendemos que no estorba la espinita en el corazón, hacemos como que, si está, es mera casualidad.

No admitiremos quererlo, ni desearlo, ni nos comportaremos con el afán de cuidarlo: “El que quiere estar, estará” y esa máscara, esa armadura… destruye.

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“Yo cuido mi libertad. Por eso estoy sola” es el blindaje de los heridos.

Cuando leí esta frase de la psicóloga Diana Paris, sentí que me cayó un balde de agua fría en el cuerpo. Me trasladé hasta hace un par de años, cuando me anclé en una paradoja rídicula pero vivida con absoluta seriedad.

Tenía una relación “seria” que no quería que se volviera más seria, pensaba que perdería mi libertad, que me ataría a alguien que, eventualmente. me dañaría. No mostraba cariño, era fría, independiente, siempre quise darle a entender a mi pareja que “no lo necesitaba, que cuando me dejara, ni lo sentiría”

Pero erré. En ese momento no entendía que era el blindaje, mi armadura, mi coraza. No me di cuenta que me convertí en una mujer que por fuera es insensible y por dentro se intenta convencer de lo mismo.

Y, como es mentira, como no es real, pero lo fuerzas en tu cuerpo, te vuelves la coraza en sí.

Y la coraza no es empática, no es bondadosa ni vulnerable. Es hermética, agresiva, puede llegar a ser cruel. Es como un gato bocabajo, con los pelos erizados, que parece sacarte un ojo de un movimiento.

Hice un audio, puedes descargarlo o escucharlo por aquí:

¿Cuándo seguir y cuándo darse por vencido?


Las personas somos complicadas, complejas, inentendibles para nosotras mismas. ¡Somos un caos! no es novedad ni revelación más allá de la obviedad de sentirlo en tus propias carnes.

Esta complejidad se manifesta en diversas formas, en agresividad, pasividad, anestesia, rebeldía.

Cada una de estas estructuras conforman los arquetipos femeninos, cada uno es un molde que te permite actuar y defenderte del mundo. Algunos no representarán problemas en tu vida amorosa, por lo menos no de forma evidente, otros serán tan claros como el agua cristalina.

¿Eres la bella durmiente? La mujer que espera que las cosas sucedan porque, en el fondo, se siente merecedora de que eso bueno, llegue a ella.

¿Eres la anti-cenicienta? Que anhela amor pero al mismo tiempo le rehuye como la peste porque teme perder “su libertad”

Encarnes el arquetipo que encarnes, cuando te encuentres con el otro, con esa persona que te confrontará con la idea de amor, él tendrá que lidiar con tus demonios también. Tal vez tú no quieres que los conozca.

Mentirás, fingirás, minimizarás las cosas o las maquillarás.

Porque tienes miedo de que él vea todo eso que tú no has visto y que decida que no te quiere así.

Amarán la luz y la oscuridad que te habita, cuando tú decidas dejar de odiarlas.

Pero no lo sabrás hasta que no te permitas dejar que eso pase. Habrá un hombre que te amará, que verá en ti lo que puedes no ver tú, conocerá tus luces y tus sombras. Pero, si tú no aceptas tus propias sombras, tus deseos más profundos ¿Cómo esperarás que él lo haga por ti?

No se puede. No podrá con una ola que solo crece.

Solo tú puedes abrazar las partes “horribles” de ti.

Porque en la medida que las niegas y reprimes, más fuertes se vuelven, más explosivas aparecen.

Más incontrolables y terroríficas.

Partes horribles que solo verás cuando él esté contigo, creerás que es él, que es su presencia. Pero no te engañes, eres tú… siempre has sido tú.

Si no aceptas ni reconoces que eso también te conforma, vivirás negando la mitad de quien eres.

Si aprendes a mirarte y a integrar esa parte tuya, no importa que los demonios sigan ahí, él podrá amarte con todo ese caos que te rodea, podrá abrazarte cuando te sientas rota, podrá consolarte cuando tu sombra te ciegue, y podrá darte luz para mirar lo hermoso que también te habita.