“Soy las historias de mi madre y las aventuras de mi padre.

Soy lo que he leído y lo que he escrito. Soy los besos que he robado y los que he perdido. También soy lo que no seré y lo que he sido.

Soy las palabras dichas y las guardadas, soy mis mentiras y mis verdades.

Soy lo que dejo que veas y lo que decido que no sepas.”

 ¿Quién soy?

Gracias por llegar aquí, por bucear en quién escribe este espacio. Mi nombre es Gaby Figueroa pero creo que eso, a estas alturas, está de más. Lo otro, lo sustancial, no tiene orden. Nací en el 94, pero la búsqueda y confrontación con mi “Ser” ha sido caótica y dispersa, un proceso de años que inspiró este espacio. Demosle sentido a que estés aquí:

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Hubo una vez…

una princesa mimada que creció en una burbuja de afecto y cariño. Ajena y anestesiada a todo lo que pasaba a su alrededor, inconsciente de la vida real.

Cuando la misma realidad le dio un golpe con guante blanco. Confundida, extrañada en su propia piel, ajena a su propio sentir, resolvió que la solución era ponerse una armadura.

“Si me vuelvo guerrera, nada volverá a hacerme daño” pensó, ingenua, cínica.

La vida siguió su curso siendo despiadada como siempre, no por ser cruel, sino por ser vida en sí misma.

Y esta ex-princesa ahora empuñando espada, se sentía cómoda & segura con ese nuevo papel. Podía ir matando a los dragones y enemigos.

Hasta que un día, la armadura pesó demasiado, se miró al espejo y se dio cuenta de algo horrible: No era un caballero, se había convertido en la mala del cuento.

Y es que en todo este trayecto, un príncipe que tenía más facha de escudero, había estado a su lado.

Pero ella no estaba satisfecha, ponía constantemente a prueba al escudero, desafiaba su amor y menospreciaba el afecto gestado.

Para ella el amor era símbolo de debilidad.

¡Y ella era una guerrera! No tenía tiempo de ser débil. Así que, temerosa, se refugiaba más en la armadura.

No se daba cuenta que la fuerza la estaba confundiendo con la agresividad, su armadura no era más que la coraza de un corazón herido y temeroso.

Y un día el hombre a su lado la hirió por la espalda.

El fiel compañero al que ella no le había dado nada más que mentiras y una “yo” irreal, también se había roto y en el proceso, ambos se hicieron mucho daño.

 
 
 

 Pero no era su pareja, nunca lo fue. Siempre se trató de ella.

Se descubrió a sí misma cuando se vio reflejada en los ojos del Otro.

Esta historia no solo me pertenece a mí, le pertenece a toda mujer que haya creído que el amor es debilidad y que, con miedo, se forzó a sentirse todopoderosa y guerrera.

El proceso de trascender mi ego, de reconocer mi sombra y mi luz, de entender y abrazar el origen de mis miedos, ha sido largo y enrevesado. Ha sido atravesado por la filosofía, los mandatos transgeneracionales, la luna, la feminidad, el espíritu, los arquetipos, la naturaleza salvaje, el tarot…

Estaba tan conectada a mi energía masculina (a mi mente), a mi faceta dura y racional, que no me daba permiso para escuchar todo lo que mis huesos - y los de mis ancestras- tenían para contar.

Sigo en ese proceso de (re)contarme mi historia & compartirlo es la misión de este espacio. Me fui a las raíces de mi vida y me hice de nuevo.

 
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No te doy tips ni soluciones superficiales, solo soy la llave que abre la tapa de tú propio libro: Tu historia, tu intuición, tu propia forma de sanar (te) y sanar a quienes amas en el proceso.

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