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Más cerca de ser el lobo que la caperucita, mi nombre es Gaby Figueroa

Y ayudo a mujeres dominantes, celosas y controladoras a reconciliarse consigo mismas & reconstruir su relación de pareja.


Prefacio

Desde muy pequeña tuve una afición especial a los personajes femeninos que no entraban en el estereotipo común, como Helga G. Pataki o Akane Tendo. Chicas fuertes que rayaban en ser groseras, tercas & dominantes.

En algún punto asocié todo eso con algo positivo, con amar intensamente a alguien pero esconderlo y camuflarlo con sarcasmo y desinterés. ¡No quería - ni podía- ser la protagonista boba!

Siempre me pareció más interesante ser la antiheroína de la historia.

Y es que, secretamente, fantaseaba con la idea de que mi vida era realmente una película. Que fuera de mi vista existía una tela roja que anunciaba el inicio de la obra. Y que un público miraba interesado la historia de mi vida.

(También me causaba una angustia y vacío existencial, pero esa es agua de otro vaso)

Si miro hacia atrás, tengo que reconocer que mi historia de amor sería fácilmente un cliché. Y uno muy gastado por las novelas mexicanas.

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Capítulo 1

¿REENCARNADA EN LA VILLANA?

La historia va de una chica virginal, perfecta y dulce que se enamora del tipo encantador, amable y semidios ¿El obstáculo? Como todo buen drama, este príncipe moderno tiene una pareja que es un celosa, manipuladora y vil malvada

Los espectadores de este teatro hubieran acompañado a la protagonista a enfrentarse a las malas jugadas de esta villana (a la que odiarían, por supuesto) hasta que, gracias a los giros del destino y el buen corazón de la protagonista, ella se quedaría con el príncipe y cerraría con la toma de una puesta de sol y un beso que corona el prototipo de final feliz.

La historia muestra las maravillosas cualidades de la protagonista, desde su belleza, su inocencia y hasta su corazón puramente altruista. Y entre más perfecta es la protagonista, más cruel es la villana.

Más celosa, más posesiva, más mentirosa y dañina.

Es normal que cuando el espectador la conozca, termine por detestarla.

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Y la mala…

Aunque es detestada por todos, la mala existe. Y puede estar más cerca de lo que crees. Pero no me gustó darme cuenta que era yo.

¡Tenía mis razones para ser como era! Había sido lastimada antes, me habían dañado ¿De qué forma iba a defenderme si no era así?

¿De verdad me había vuelto la villana? ¡No podía ser cierto! Pero ahí estaba el narrador, describiéndome en cada párrafo.

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Capítulo 2

Un reflejo que no te pertenece

Un día me miré al espejo y reconocí que esa chica manipuladora, celosa, desconfiada, frustrada y triste no era lo que quería ser. ¿Cómo me había convertido en esa yo? ¿Quién era ahora?

Durante tu vida cargas con muchas etiquetas, frases y adjetivos que te definen desde el exterior, impuestos ahí por tus padres, maestros, viejos amores & amigos. Llegas a ser lo que otros dictan, perdida entre la apreciación exterior.

“LAS PERSONAS TRATARÁN DE DECIRTE quién eres… NO LES CREAS”

Cuando descubres que tú misma eres quien sabotea tus relaciones, que has cometido errores como ser infiel, traicionar la confianza del hombre que amas & hasta hacerle daño a consciencia, lo primero que haces es buscar si esto tiene solución.

¿Y qué encuentras?

Juicios.

Cuando comencé mi proceso para dejar de ser víctima de mi misma, lo que encontré no fue alentador, todo el mundo te enseña a alejarte y a afirmar que, mujeres como yo, no cambian.  

Que si tu pareja cometió un error, lo mejor es dejarlo ir, es practicar el desapego y huir. ¿Dónde quedaban las esperanzas? ¿Dónde se enseña a luchar por algo y a comprometerse con el cambio de la relación?

Estaba tan podrida que llegué a pensar “Si yo no puedo cambiar, ¿Por qué he de hacerle las cosas fácil a los demás?”

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Capítulo 3

NO ERES MALA, SOLO IMPERFECTA

¿Cómo podía mejorarme como persona si todo me decía que era imposible?

¿Cómo podía lidiar con la sensación de ser una mala persona?

La envidia me atormentaba todos los días, me hacía hablar a espaldas de las personas, los celos me corroían y alimentaban mis miedos.

Empecé a hacer daño para no sufrir.

¿Cómo iba a salir de ese bucle?

Primero tuve que admitirme algo: No era tan fuerte como pensaba que lo era. No era fría y realmente sí me importaban los sentimientos de los demás. ¡No era una caballera en armadura!

En realidad era una frágil niña asustada de la soledad, el dolor y presa del miedo.

No sabía cómo gestionar mis emociones y pensamientos dañinos.

Pero podía aprender a hacerlo. Si solo recibía críticas y juicios por mis acciones, entonces les demostraría que podía cambiar, que podía lidiar con mi sombra & que lo haría porque la persona a mi lado valía la pena y yo me merecía darme esto.

No podía dejar atrás mi armadura por completo, mi “sombra” me había protegido y me había enseñado tanto, era parte de mí. Tuve que conocerla, reconciliarme con ella y volverme mi propia protagonista.

Volví a escribirme.